Pocas discusiones técnicas están tan contaminadas por la ideología como esta. De un lado, quien considera que depender de un solo proveedor es una temeridad. Del otro, quien sostiene que el multi-cloud es una fantasía de arquitecto que nunca ha tenido que operarlo. Ambos tienen parte de razón, y por eso la pregunta general no tiene respuesta: hay que bajarla a tu caso concreto.
Lo que cuesta de verdad
Antes de decidir conviene poner precio a la opción que suena bien. El multi-cloud se paga en cuatro monedas.
Conocimiento del equipo. Dominar un proveedor cuesta años. Dominar dos no cuesta el doble: cuesta más, porque las diferencias sutiles entre modelos de red o de permisos son justo donde se cometen los errores caros.
Denominador común. Para que una carga corra en cualquier sitio, renuncias a los servicios gestionados que hacen atractivo a cada proveedor. Acabas montando y manteniendo tú lo que podrías estar consumiendo.
Transferencia de datos. Mover datos entre nubes se paga, y se paga bien. Una arquitectura que cruza proveedores en su camino crítico puede tener una factura de red que supere a la de cómputo.
Operación. Dos consolas, dos modelos de identidad, dos facturas, dos catálogos de incidencias. Todo lo que hagas, lo harás dos veces.
Cuándo sí compensa
- Obligación regulatoria o contractual. Determinados sectores o clientes exigen que ciertos datos residan en un proveedor o jurisdicción concretos. Aquí no hay debate técnico que valga.
- Un servicio que solo existe en un sitio. Es perfectamente razonable tener el grueso en un proveedor y una pieza concreta en otro porque su servicio es netamente superior para ese problema.
- Crecimiento por adquisiciones. Compras una empresa que está en otra nube. Te encuentras en multi-cloud sin haberlo elegido, y a menudo la unificación cuesta más de lo que ahorra.
- Poder de negociación. A partir de cierto volumen de gasto, tener capacidad creíble de mover cargas mejora de forma tangible las condiciones que te ofrecen. Por debajo de ese volumen, es un argumento teórico.
Cuándo es mala idea
La razón más citada para ir a multi-cloud es la disponibilidad, y suele ser la peor. Las caídas totales y prolongadas de un proveedor grande son excepcionales; lo que sí ocurre con cierta frecuencia son incidencias de una región concreta. Y para eso la respuesta correcta es multi-región dentro del mismo proveedor: mucho más barata, mucho más simple y con mejor resultado real.
La otra mala razón es el miedo abstracto al bloqueo tecnológico. Cierto grado de dependencia es inevitable y a menudo rentable: es el precio de aprovechar servicios gestionados en lugar de operarlos tú. La pregunta útil no es «¿estoy atado?» sino «¿cuánto me costaría salir y cuánto estoy dispuesto a pagar hoy para reducir ese coste?».
La vía intermedia
Para la mayoría de organizaciones con las que trabajamos, la respuesta correcta es un solo proveedor con las salidas preparadas. En la práctica: contenedores en vez de formatos propietarios, infraestructura como código con la lógica separada de los detalles del proveedor, datos en formatos abiertos y una idea documentada de qué haría falta para migrar cada pieza.
Eso da la mayor parte de la portabilidad por una fracción del coste, y deja la puerta abierta a añadir un segundo proveedor el día que aparezca una razón de negocio de verdad. Que es distinto de montarlo por si acaso.
¿Estás en esa decisión? Contrastémosla con tu caso →
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